Justicia Social,

un gran reto

urante una gira que realizó por el estado de Tlaxcala, el 7 de julio, el presidente Ernesto Zedillo llamó a discutir la realidad del país no con base en modelos económicos, sino a partir de problemas concretos de las realidades que vive el pueblo y de sus aspiraciones.
"El gran reto actual - dejó en claro- consiste en convetir la economía de mercado y nuestra consolidada democracia en servidoras auténticas del objetivo supremo que es la justicia social".
Nosotros presenta la versión estenográfica de las palabras del Primer Mandatario respecto del tema, durante el acto de desarrollo integral de Tlaxcala, en presencia del gobernador Alfonso Sánchez Ayala.

Ernesto Zedillo Ponce de León

l señor gobernador tocó un tema muy importante, y es un tema, pues, que yo he sugerido con
frecuencia que debe comentarse, que debe dialogarse que, incluso, debe debatirse,
precisamente en términos como los que sugería el señor gobernador.

Esto es importante siempre, pero lo es más cuando, gracias a nuestra democracia se abre en
México un período de intensa competencia política; una competencia política que tiene que ser,
antes que nada, una competencia de ideas, una competencia de propuestas, una competencia
de visiones de futuro, una competencia de estrategias, de estrategias realistas, practicables,
realizables, de tal manera que la gente, el pueblo tenga referentes claros para poder tomar sus
decisiones democráticas, y luego la mayoría de esas decisiones democráticas se puedan
traducir en ejercicio de poder, en autoridad de gobierno para cumplir los mandatos de la
mayoría.

Por eso es tan importante que así como el gobernador Sánchez Anaya aquí ha sugerido que en
verdad es indispensable sostener y ampliar ese debate, pues, yo espero que muchos mexicanos
participen en ese debate; que cada quien lo haga con toda libertad, desde su trinchera,
sabiendo que su punto de vista siempre será escuchado, siempre será respetable.

Ahora bien, para llevar adelante ese debate, es muy importante que tengamos claro todos, de
común acuerdo, cuáles son los términos de referencia de ese debate. Y yo lo primero que
quiero proponer, pues es que aquí no estamos debatiendo, en realidad, etiquetas, clichés, ni
siquiera modelos.

Yo hace muchos años que dejé mi etapa de profesor de educación superior y de posgrado, ahí
sí discutía modelos.

Desde que decidí dedicarme a la vida pública, pues tomé la decisión de discutir, de debatir
problemas; problemas concretos, las realidades que vive cotidianamente nuestro pueblo y las
aspiraciones que legítimamente tiene nuestro pueblo para el futuro. Me parece que eso es lo
primero en lo cual tenemos que ponernos de acuerdo.

No podemos vivir en esos referentes del pasado, de un pasado no muy lejano, en el cual todo
el debate ideológico se refería prácticamente de manera exclusiva a discutir, a diferenciar, a
posicionarse en términos de dos paradigmas que parecían ser los únicos caminos que nos
presentaba la historia.

Yo creo que los mexicanos no estamos para discutir modelos; los mexicanos estamos, en
primer lugar, para discutir con toda objetividad lo que son los problemas de hoy y lo que serán
los problemas del mañana de México.

En segundo lugar, los mexicanos, desde mi punto de vista, debemos ponernos de acuerdo
acerca de nuestros valores comunes y debemos ser capaces de poder vertebrar, a partir del
acuerdo, qué es lo que más nos importa.

Y yo quiero sugerir que con independencia de posiciones ideológicas, que con independencia
de militancias políticas, ciertamente hay un objetivo común, hay un valor común que de tiempo
atrás hemos procurado, hemos anhelado y por el cual hemos luchado los mexicanos. Y ese
valor común no es otro, que el de la justicia social.

Ese ha sido principio, ese ha sido programa para llevar a cabo muchas luchas, desde distintas
posiciones ideológicas.

No estoy reclamando de modo alguno que la justicia social, como objetivo, como principio,
sea patrimonio exclusivo de un sólo partido o de un sólo grupo.

Yo creo que en el sentimiento nacional existe firmemente arraigado ese propósito de la justicia
social.

Quiero sugerir, adicionalmente, que si los mexicanos creemos y queremos la justicia social,
pues tenemos que ponernos de acuerdo ya no en eso, sino en los medios para lograr eso que
todos queremos: la justicia social. Y claro, habría que darle precisión al término de justicia
social.

Justicia social quiere decir oportunidades para todos, pero también quiere decir que esas
oportunidades no se den de manera espontánea, sino que haya agentes activos, y sobre todo
uno, que es el Estado, para que procure la igualdad, la equidad en el acceso a esas
oportunidades.

Quiero sugerir también, pues que en esa discusión de los medios, pues debe apreciarse con
toda honestidad intelectual cuál es el tipo de economía que nos proporciona la base material
para poder desplegar los programas que hagan alcanzable nuestro objetivo de justicia social.

Y quizá este es el punto en el cual, como hasta ahora sugería el señor gobernador, ha habido
un diálogo de sordos, ha habido posiciones extremas. Porque unos sostienen, ¿verdad?, que el
objetivo debe ser la economía y pues que todo lo demás no importa.

Otros, en un extremo, sostienen que la justicia social y la solidaridad es el objetivo, y que lo
demás, en el ámbito económico o incluso en el ámbito político, no importa.

Claramente ninguna de estas dos posiciones extremas, desde mi punto de vista, es correcta, y
por lo mismo, no son estas posiciones extremas aceptables, desde el punto de vista político.

Por eso, sugerí antes que lo primero es ponernos de acuerdo en cuáles son los objetivos, para
entonces poder distinguir cuáles son los medios para alcanzar esos objetivos.

Yo he sostenido y lo voy a seguir sosteniendo, porque esto no es una consideración teórica,
sino es una consideración práctica, derivada de la experiencia histórica de otros países, pero
sobre todo de la experiencia de nuestro país, que un medio indispensable para lograr la justicia
social es tener una economía sana.

La justicia social es lo más importante, pero cómo logramos esa justicia social.

Yo he sostenido que cuando se insistió en políticas que enfatizaban una presencia asfixiante del
Estado, donde el Estado quería decidir en muchos sectores de la economía qué producir,
cómo producirlo, a quién destinarlo, incluso determinar los precios, entonces se generó una
economía de la pobreza que hacía insostenible políticas seguramente muy bien intencionadas,
muy bien aceptadas por la población, pero políticas sociales que no tenían un sustento
permanente.

Y por eso, hemos insistido en que una política económica que subraye la responsabilidad fiscal;
una política económica que tenga confianza en la sociedad, que tenga confianza en la
capacidad de iniciativa de los empresarios; una economía que tenga confianza en nuestros
trabajadores y que apoye a nuestros trabajadores, para que los trabajadores puedan desplegar
esa gran capacidad y puedan producir, pero no como fin mismo, sino como un medio para
poder recibir el sustento de sus familias.

Por eso, necesitamos una economía sana; por eso, desde mi punto de vista, necesitamos una
verdadera economía de mercado.

Pero decir que creemos y queremos una economía de mercado de ninguna manera es postular
que queremos una justicia social de mercado. Nadie ha dicho eso.

Y una manera de volver este debate un diálogo de sordos, es imputarles a quienes pensamos
que necesitamos una economía responsable, una economía de mercado, una economía que
confíe en la sociedad, en las personas, en los individuos, es imputarles que creemos en una
justicia social de mercado. Eso es totalmente falso, eso es inaceptable, por lo menos en mi
caso.

Yo no creo en la justicia social de mercado, creo en la economía de mercado. Y la prueba de
que no creo en la justicia social de mercado, es que el Gobierno de la República durante mi
mandato ha desplegado una política social que tiene un enorme grado de activismo por parte
del Estado, ciertamente con criterios de inclusión, con criterios de participación y además con
un sólido criterio de federalismo.

Porque no se puede desplegar una política social efectiva, si no se hace participar a los otros
órdenes de gobierno, si no se diluye ese centralismo oprobioso que durante muchos años ha
sufrido nuestra República.

Y por eso, he sostenido que el estado debe tener una política social activa, una política social
intervencionista.

Y cuando hablamos del PROGRESA, ahí hay una intervención del Estado, porque el Estado
va a las comunidades más pobres, ubica a través de un estudio muy cuidadoso a las familias
más pobres, determina quienes necesitan eso.

Y el Estado va tomando recursos del resto de la sociedad y apoya a una familia con becas.
Con una transferencia de recursos en efectivo se asegura que esa familia, aunque no lo quiera
hacer, prácticamente se le obliga a que acuda a los servicios de salud.

Y esa es una política intervencionista, pero es una política intervencionista en lo social. Y al ser
una política intervencionista en lo social, se convierte en una política solidaria.

Y tener un sistema educativo como el que tenemos los mexicanos, que a fines del próximo mes
estará atendiendo a 29 millones de niños y jóvenes; tener los avances que hemos tenido en
materia de salud y que aquí se han relatado con un ejemplo concreto para el estado de
Tlaxcala.

Tener una política agropecuaria que atiende al sector agropecuario no únicamente en las
cuestiones productivas, sino que es una política de desarrollo rural integral, porque nos
estamos asegurando que en el campo haya educación, que en el campo haya salud, que en el
campo trabaje hasta ahora exclusivamente el programa PROGRESA, porque sabemos que ahí
están las condiciones más extremas de pobreza.

Tener programas de subsidio directo, transparente a la alimentación de los más pobres, como
los programas de DICONSA, como el Programa de la Tortilla, como el Programa de
LICONSA.

Tener un programa como PROGRESA, pues todo eso, amigas y amigos, no es justicia social
de mercado, es una política social en la cual el Estado, con todo legitimidad democrática, con
una gran convicción y por obligación, está interviniendo directamente para igualar
oportunidades en la sociedad.

Y por eso -entonces-, como lo sugería el señor gobernador, pues no es conveniente plantear
un falso debate, plantear un debate entre modelos.

Posiblemente, en las universidades valdrá la pena que los estudiantes aprendan a pensar
discutiendo modelos; pero en la política, en el Gobierno, pues tenemos que discutir realidades,
tenemos que ponernos de acuerdo en objetivos, tenemos que ponernos de acuerdo en los
medios.

Y en lo político, pues hay otro medio extraordinario; ese medio extraordinario es la
democracia.

Ustedes me dirán: "bueno, cuál es el vínculo entre el objetivo central que usted plantea y el
medio político que es la democracia". Bueno, a mí me parece que el medio es muy obvio. Si
tenemos democracia, tendremos una verdadera representación de los intereses del pueblo.

Cuando han existido momentos de centralización del poder político, cuando ha habido una
indebida representación de los intereses populares, entonces es mucho más probable y
frecuente que se desplieguen y se practiquen políticas públicas equivocadas.

Si tenemos equilibrio de poderes, si tenemos competencia política, si tenemos pluralismo a lo
largo y a lo ancho del país, como lo tenemos aquí en Tlaxcala, entonces tendremos mucho
mayor certeza de que quienes estamos tomando las decisiones de gobierno, lo estaremos
haciendo en función realmente del interés de las mayorías.

¿Y esto a qué me lleva, amigas y amigos? Pues me lleva a decir que a lo mejor si nos ponemos
de acuerdo en que lo que buscamos todos es la justicia social, pues entonces podremos
distinguir que hay dos medios muy buenos, muy eficientes para lograr esa justicia social.

Justicia social que se entiende como una política activa, de intervención, de decisión, de acción
directa del Estado, claro está, con el concurso social, medios la economía de mercado, medio
la democracia.

Por eso he dicho, he sostenido que para nuestro país como para muchos otros países que sólo
recientemente han consolidado sus procesos de avance democrático, el gran reto ahora
consiste en convertir la economía de mercado y convertir nuestra consolidada democracia en
servidora auténtica del objetivo supremo que es la justicia social.

Quería someter a su consideración, señor gobernador, estas opiniones, estos referentes. Y por
supuesto, lo animo a que siga participando usted en este debate.

Muchas gracias