A dar resultados sin excusas, llama Zedillo al gabinete
Ernesto Zedillo Ponce de LeónQuiero desearles a todos un muy buen 1999. Un año de mucho trabajo, ciertamente, como debe ser, pero también confío en que para todos nosotros, como equipo, como responsables que somos de conducir la administración pública federal, sea también un año de buenos resultados, para que podamos entregarle buenas cuentas al pueblo de México.
Creo que debemos ver hacia 1999 con confianza y con optimismo. Y debemos hacerlo porque precisamente en el año recién concluido el país ha enfrentado dificultades, problemas de gran complejidad, y, sin embargo, podemos decir, con toda certeza, que el país y, con ello, el gobierno hemos tenido la capacidad para enfrentar y superar los retos que nos guardó el ya extinguido 1998.
Quizás por eso, pues, valga la pena, aunque brevemente, recapitular en algunos de esos retos, de esos desafíos que, considero, hemos enfrentado satisfactoriamente.
Por una parte, la situación económica resultó algo distinta, lamentablemente para mal, de lo que habíamos previsto hacia fines de 1997.
Ya a estas alturas del 98 se manifestaba, con gran claridad, que habríamos de tener una evolución muy desfavorable en el mercado petrolero internacional, pero en realidad las cosas se deterioraron adicionalmente a lo largo del año y el país, por tanto, sufrió una perturbación de carácter externo en su economía, debido a una pérdida muy significativa en los ingresos fiscales provenientes del sector petrolero.
A esa circunstancia adversa se sumó otra, que fue la aguda volatilidad e inestabilidad en los mercados financieros internacionales, volatilidad que en algunos momentos adquirió tintes verdaderamente dramáticos y críticos, llegando a amenazar no únicamente a nuestro país, sino a todo el mundo, con el riesgo de una crisis financiera generalizada.Naturalmente, a estos fenómenos no podía sustraerse nuestro país. Somos un país que, afortunadamente, está inserto dinámicamente en la economía global. De hecho, no hay país, por más autárquicas que sean sus pretensiones, que pueda sustraerse de esta economía global y, afortunadamente, los mexicanos, de tiempo atrás, hemos decidido, más que lamentar la globalización, contender con ella y aprovecharla, en función de nuestros propios objetivos de desarrollo.
Y considero que una prueba evidente de que la economía mexicana ha adquirido nuevas fortalezas precisamente se dio en 1998. A pesar de la gravedad de las circunstancias externas que enfrentamos, podemos decir que nuestra economía, en medio de estas circunstancias, es decir, tomando en cuenta las difíciles circunstancias que se enfrentaron, tuvo un desempeño satisfactorio.
Es cierto: hubo algunas metas que nos habíamos trazado al inicio del año, o más bien a fines del año anterior, y que no pudieron ser cumplidas con exactitud; pero también es cierto que dada esa variación sustancial que se dio en el contexto en el cual se desenvolvió la economía, lo que sí se alcanzó tiene un enorme mérito y debe constituir un aliciente para que sigamos haciendo, con gran convicción, con gran energía, nuestro trabajo.
En tal virtud nuestra economía creció, pues, muy por encima de lo que había sido el pronóstico revisado del propio gobierno.
Es probable que el crecimiento de la economía, pues, se haya situado entre el cuatro y medio y el 5 por ciento, posiblemente más cerca del 5 que del cuatro y medio; eso lo sabremos en algunas semanas o meses, cuando Carlos Jarque nos dé las cifras producidas, procesadas por el propio INEGI.
En el ámbito del empleo también se tuvo un desempeño satisfactorio.
Mes con mes creció el empleo en el país, tanto esto reflejado en las cifras de asegurados permanentes del Instituto Mexicano del Seguro Social como en el comportamiento de la tasa de desempleo abierto de la economía, donde, por cierto, el pasado mes de noviembre llegamos a la tasa más baja en varios años, en más de 4 años, lo cual muestra que a pesar de todas esas turbulencias el país tuvo la capacidad de seguir avanzando en lo más importante.
Es de lamentar, sin duda, pues, que la meta de inflación no se haya cumplido, pero es algo que se explica sobre todo por la turbulencia financiera del exterior, que afectó a nuestro propio mercado cambiario; que significó que las tasas de interés se situasen en niveles más altos a los previstos y porque, como parte de los ajustes en finanzas públicas que tuvieron que darse durante el año, pues eso también se tradujo, en algunos casos, en presiones a precios que tienen una ponderación relativamente alta en el índice de precios. Pero, insisto, los resultados generales en lo económico son satisfactorios.
También es de ponderar que no obstante la astringencia fiscal que tuvo que adoptar el país, desde el principio pudimos avanzar satisfactoriamente en las metas del aspecto de la política gubernamental, que es más importante. A saber: la política social.
Creo que cada una de las áreas del gobierno que tienen bajo su cargo la atención de algunos de estos aspectos puede informar ampliamente de los buenos resultados, de los avances que se tuvieron en el cumplimiento de la política social que el gobierno de la república ha comprometido con la población del país.
Tampoco es de despreciar que, a pesar de los problemas fiscales, de las limitaciones de recursos, pues, el país haya tenido un avance significativo en varios aspectos de su infraestructura básica.
Yo he podido comprobar durante mis giras semanales de trabajo, pues, cómo sigue creciendo nuestra red carretera; cómo bajo el esquema ahora privatizado nuestros ferrocarriles siguen avanzando; cómo nuestros puertos han tenido un desarrollo realmente espectacular en los últimos años; cómo nuestros sistemas de agua potable siguen extendiéndose, aun hacia las comunidades más aisladas; cómo los procesos de electrificación y de generación de energía eléctrica siguen avanzando en el país.
Y realmente es evidente, insisto, que a pesar de todas estas circunstancias no del todo favorables la infraestructura básica del país sigue avanzando de manera muy significativa.
Otro aspecto que no debemos soslayar es el del avance político en nuestro país.
Estoy absolutamente convencido de que las reformas, que por iniciativa del gobierno de la república se han emprendido en materia política, son reformas que están funcionando, son reformas que están cumpliendo los objetivos que nos trazamos y que clara y evidentemente están poniendo al país en el camino del fortalecimiento democrático.
Y que en esa tarea, que no termina claramente con la discusión y la aprobación de las reformas, sino que de hecho fue ése el principio en ese camino, pues, el gobierno de la república, como responsable del Poder Ejecutivo federal, tiene un papel muy importante que jugar y que ha venido jugando.
Lo hemos venido jugando teniendo en todo momento una conducta respetuosa de la ley; respetuosa de los principios y las prácticas republicanas; respetuosa de los otros poderes de la Unión; respetuosa de los otros órdenes de gobierno y adoptando -reitero- en el marco de la ley siempre una actitud de diálogo que busca el acuerdo, que busca la comunión y la convergencia de intereses y decisiones entre los mexicanos.
No dudo que existan personas que se preocupan y se inquietan ante las nuevas manifestaciones de la vida política del país.No es extraño que quienes no han estado acostumbrados a vivir en una democracia plena, se inquieten cuando vean el debate fuerte, cuando vean la divergencia en puntos de vista, cuando vean incluso que algunos de los participantes en la vida política del país, pues, deciden no conformarse con los principios de una buena ética política de la civilidad y del respeto.
Pero estas manifestaciones deben verse como parte de este proceso de apertura, como parte de este proceso de maduración, y donde el gobierno de la república, el Ejecutivo federal, siempre tendrá que ser -reitero-, en el marco de la ley, quien muestre el mayor grado de tolerancia, el mayor grado de comprensión, hacia los otros actores políticos.
Considero también que en 1998 hemos comenzado a sentar, por primera vez en muchos años, las bases para un nuevo sistema de seguridad y, en general, el aparato que requiere el país para hacer valer plenamente el Estado de derecho.
Ustedes saben que éste es uno de los aspectos que más preocupan a la población del país y, afortunadamente, pues, hemos venido avanzando en todos los frentes importantes. Ahora nos falta avanzar en lo más importante, que es el de los resultados.
Tenemos ya buena parte de la armazón jurídica que se requiere; tenemos ya la concepción de una estrategia detallada sobre cómo hacer rendir mejor los recursos, los medios a disposición del Estado para esos propósitos; tenemos ya una concepción clara respecto a las instituciones que deberán desempeñarse en esta tarea y especialmente también tenemos ya, en ley por lo menos, una nueva institución que habrá de fortalecer la capacidad del gobierno de la república y su articulación con los otros órdenes de gobierno, para cumplir las funciones de seguridad que le encomienda la Constitución de la República.
Ahora -como decía-, pues, el reto inmediato es producir los resultados y yo tengo confianza en que habremos de producir durante 1999 los resultados, o por lo menos los primeros resultados, que la población está esperando.
Como decía antes, 1999 se nos presenta con ciertos y apreciables grados de dificultad. No podemos ignorar de ninguna manera que el mercado petrolero internacional ha entrado a una situación muy distinta a la que vivió hasta fines de 1997; que es probable, muy probable, altamente probable, que veamos precios del petróleo francamente deprimidos durante éste y los próximos años; que es el interés del país que toda nuestra programación económica sea hecha en función de lo que debe ser un escenario realista y responsable, en función del mercado petrolero internacional, porque, debemos admitirlo, seguimos o seguíamos teniendo una muy alta dependencia fiscal del petróleo.
Y esto solamente, pues, ha condicionado en buena medida los criterios generales de política económica para 1999, así como la elaboración de las iniciativas y proyectos de presupuesto y de Ley de Ingresos para este año.
Y eso también explica por qué el haber logrado un proyecto, ya no un proyecto, sino un presupuesto y todas las disposiciones en materia de ingresos, pues, no fue un proceso señaladamente fácil en esta ocasión.
Y, como ustedes saben, hubo de concluir prácticamente al final del periodo extraordinario, que para el caso había convocado el Congreso de la Unión, al término del periodo ordinario, durante el cual no pudieron agotarse la discusión ni la aprobación de dichos instrumentos.
Y esto, pues, quiero decir que en 1999, por lo menos desde el punto de vista fiscal, el rasgo fundamental seguirá siendo una marcada escasez de recursos. Una escasez de recursos que tiene que ser asumida, antes que nadie, por el propio gobierno de la república. Pero dicho eso yo creo que debemos ver con confianza, con seguridad y aun con optimismo 1999.
La experiencia que tenemos durante estos cuatro años de gobierno, la experiencia tan especial que vivimos en 1995 y también en 1998, pues, debe darnos la certeza de que si bien las cosas no se presentan fáciles, también tenemos los medios para contender y superar los desafíos que seguramente entrañará 1999.
Esto con absoluto realismo; no podemos -repito- ignorar las condiciones internacionales en las que se estará desenvolviendo nuestra economía. No podríamos negar que esta pérdida de ingreso petrolero, que respecto a 1997-1999 podrá alcanzar prácticamente el 2 por ciento de nuestro producto nacional, entraña un choque externo de magnitudes muy grandes, pues no podemos negar que esto ha afectado nuestras propias metas de crecimiento.
Sería ilógico suponer que si perdimos el 2 por ciento de nuestro producto nacional súbitamente, pues podemos mantenernos exactamente en las mismas metas de crecimiento del producto nacional que nos habíamos trazado antes de la crisis petrolera.
Algo vamos a perder: ya en 1998 mostramos que no perdimos tanto como en la caída en el precio del petróleo; tuvimos capacidad para reducir la pérdida, que la pérdida resultase menos de lo que se nos había disminuido el ingreso petrolero, y eso, pues, tendrá que ser el gran reto en 1999.
¿Qué queremos en 1999? Y quizás debamos ya hablar con una perspectiva de anuario, como lo empecé a plantear en el pasado informe de gobierno.
Bueno, tenemos que hablar de 1999, pero también tenemos que hablar del año 2000; es decir, con la experiencia de los cuatro años anteriores tenemos que tener una visión clara de lo que vamos a hacer en 1999 y también de lo que nos proponemos hacer en el año 2000.En materia económica ¿qué queremos hacer? Pues queremos proteger al máximo el crecimiento de la economía, porque del crecimiento de la economía, pues, van a depender muchas cosas: va a depender, por una parte, la generación de empleos; va a depender, por otra parte, que nuestra economía siga generando recursos adicionales que le permitan al propio Estado, en los tres órdenes de gobierno, seguir atendiendo los problemas que la población espera que sean atendidos por el propio gobierno.
De que crezca nuestra economía, pues, dependerá que podamos defender los salarios reales en los varios, en los diversos, sectores de la economía. No es posible que los salarios se protejan o, incluso, crezcan si la economía se está contrayendo o la economía está estancada. De que crezca la economía dependerá que existan oportunidades adicionales para los ciudadanos, para el pueblo de México.
Ahora bien, pues, no podemos simplemente plantearnos objetivos de crecimiento, ignorando el contexto, las condiciones en las cuales habrá de desenvolverse la economía, y tenemos que reconocer que estas condiciones no son fáciles y en algunos aspectos son muy difíciles; pero si tenemos la visión, como la que tenemos; si tenemos la estrategia, si tenemos la disciplina y tenemos, sobre todo, el profundo sentido de responsabilidad de servir al país, yo estoy seguro de que habremos de lograr ese propósito de proteger al máximo, dentro de las circunstancias, el crecimiento de la economía y los demás factores tan importantes, desde el punto de vista social, que dependen del crecimiento de la economía.
De la misma manera y al haber -estoy convencido- pasado por la fase más crítica de presiones adicionales imprevistas que tuvimos en 1998, en diversos momentos de 1998 y a fines de 1998, yo estoy seguro de que en 1999 habremos de reducir, y lo haremos significativamente, la inflación, y esto es importante desde el punto de vista social, porque reducir la inflación es una de las mejores maneras que tenemos de proteger los ingresos de los que menos tienen; es otra de las maneras que tenemos de proteger los salarios reales de la población, es otra de las maneras que tenemos de proteger el patrimonio de la gente por más modesto que éste sea.
Y también, en función de la responsabilidad con que hemos actuado en materia fiscal, yo confío en que se darán las condiciones para que tengamos en 1999 y, repito, también en el año 2000, mayor estabilidad en los mercados financieros, porque no podemos negar que su volatilidad, inestabilidad o estabilidad en esos mercados influye definitivamente en la economía real de nuestro país. Y de ahí también la insistencia del gobierno de tener una férrea disciplina fiscal, porque ése es un componente que nos ayuda a tener estabilidad en los mercados financieros, además de otros efectos positivos muy importantes que se derivan de esa férrea disciplina fiscal.
Al cumplir con esta estrategia, pues, debemos tener la certeza, reitero, de que dentro de las circunstancias podremos tener un desempeño económico satisfactorio.
El gobierno habrá de cumplir su parte rigurosa y disciplinadamente.
Hemos vivido un proceso de discusión, de negociación y de acuerdo en el Congreso de la Unión, el cual nos ha dado como resultante un Presupuesto de Egresos para 1999; nos ha dado un marco fiscal, del cual obtendrá el gobierno sus ingresos, y el gobierno federal, la administración pública federal por supuesto, habremos de atenernos disciplina-damente a esos instrumentos que fueron resultado de ese proceso legislativo.
No tendremos o no pondremos por delante excusas para no cumplir nuestra obligación.
Nuestro trabajo no es buscar excusas para no hacer las cosas; nuestro trabajo y nuestra responsabilidad son dar resultados con los medios que nos ha dado ese proceso muy intenso, pero que yo considero muy positivo, en el Congreso de la Unión, y nos atendremos a esos medios y haremos todo lo que sea necesario para obtener los mejores resultados a partir de esos medios a nuestra disposición.
Como Presidente de la República, pues, no quiero escuchar excusas para que no se hagan las cosas. Lo que queremos es una gran iniciativa, una gran imaginación, una gran capacidad de ejecución, una capacidad de programación para obtener los resultados que está esperando la gente; los resultados que con toda responsabilidad y con todo realismo le hemos ofrecido a la gente y que yo estoy seguro de que actuando de esa manera podremos entregar esos resultados.
Para lograrlo, pues, es necesario que hagamos varias cosas:
En primer lugar es importante que cada una de las dependencias, de las entidades, de los organismos, de las coordinaciones, se aboque de inmediato a conocer, con todo detalle, cuáles fueron las disposiciones finales de la Cámara de Diputados, en materia presupuestal, y del Congreso de la Unión, en los otros aspectos de ingresos, ya que muchos tocan la tarea de varias de las dependencias y entidades.
Es decir, necesitamos saber qué tenemos; necesitamos saber cuáles son las restricciones presupuestales que habremos de enfrentar para desempeñar nuestra tarea, y una vez conocido eso, pues, tenemos que hacer una programación muy inteligente, muy ágil, ambiciosa, dentro de las limitaciones, para poder tener una estrategia que a lo largo del año nos permita ir cumpliendo las metas que razonablemente nos hemos trazado y que seguramente podremos definir a mayor detalle durante los próximos días.
Yo quisiera que esta tarea, pues, fuese ejecutada de inmediato. No me gustaría que pasasen varias semanas, y que dentro de varias semanas, pues, todavía estuviésemos inmersos en tareas de calendarización, en tareas de programación, en tareas de concertación, no.
Aunque también es un trabajo que requiere una coordinación entre distintas dependencias y entidades de la administración pública federal. Evidentemente, en primer término, con las autoridades hacendarias.
Pero la tarea no se agota ahí. Todos ustedes prácticamente interactúan con otros órdenes de gobierno. El trabajo de ustedes tiene una expresión territorial. Quiere decir que tiene una expresión municipal, tiene una expresión estatal, tiene una expresión regional, y en ese sentido, pues, es muy importante que también llevemos a cabo de inmediato aquellas tareas de concertación que se requieren con los otros órdenes de gobierno.
Sería muy lamentable que hubiese retrasos en el cumplimiento de los programas del gobierno federal o de los propios gobiernos estatales, derivados de que no pudiésemos realizar cuanto antes la debida coordinación y concertación con los otros niveles de gobierno.
Así que vamos a tener que estar actuando, pues, en varias pistas, en esta programación, y debemos tratar de concretarla -y estoy seguro de que así lo haremos- lo más pronto posible.
También es importante, compañeras y compañeros, pues, que no perdamos el momento, el ímpetu que hemos logrado durante 1998 en nuestra relaci6n con el otro muy importante poder del Estado mexicano que es el Poder Legislativo.
Yo estoy particularmente orgulloso del trabajo que el gobierno que presido ha hecho con el Congreso de la Unión, tanto en la presente legislatura como en la legislatura anterior.
Hemos probado contundentemente que es posible tener una relación basada en el principio republicano de la división de poderes; pero, al mismo tiempo, tener una relación en la cual hay -con quien quiera así aceptarlo- una intensa comunicación, un intenso proceso de diálogo, y donde se han hecho todos los esfuerzos a nuestro alcance para llegar a aquellos acuerdos que nosotros consideramos, y también nuestras contrapartes en el Congreso, que son importantes para el desarrollo del país.
Y por lo mismo, pues, no creo que debamos esperarnos al próximo apremio legislativo, a los pr6ximos proyectos que sean de interés del Ejecutivo, para seguir promoviendo esta relación que, siento, le ha dado buenos resultados al país, como en la legislatura anterior, cuando -debemos decirlo con franqueza porque se ignora mucho- la mayor parte, más del 80 por ciento, de las iniciativas aprobadas en el Congreso fue aprobada no por uno, sino por más de dos partidos políticos, y más de la mitad de las iniciativas procesadas y aprobadas en el Congreso fue aprobada incluso por tres, por lo menos tres, partidos políticos; y esto, pues, estoy hablando de cuando un partido, el partido en el que yo milito y la mayoría de ustedes milita, tenía mayoría absoluta tanto en la Cámara de Diputados como en la Cámara de Senadores.
Y ahora, cuando existe una pluralidad en la Cámara de Diputados, donde ningún partido tiene mayoría absoluta, pues, una vez más hemos demostrado esa convicción, esa vocación republicana, y gracias al trabajo de diálogo, de tolerancia de todos nosotros, pues, hemos podido también lograr importantes acuerdos para aquellos proyectos que consideramos que son de gran trascendencia y necesidad para la vida política, social y económica del país.
Y, en ese sentido, pues, los instruyo de manera muy precisa para que, lejos de restarle fuerza a ese ímpetu que hemos podido establecer en estos últimos años, y que se acentuó en 1998, pues, sigamos trabajando con el Congreso de la Unión durante este 1999.Tenemos que seguirle probando al pueblo de México que la democracia funciona, que el equilibrio de poderes es muy importante y que este equilibrio de poderes puede darle, y le está dando, buenos resultados al país.
No queremos que la gente piense que estos debates, a veces enconados y en los que, incluso, algunos erróneamente acuden al insulto, a la descalificación, a la exclusión, son algo inherente o dominante en la democracia. Esas circunstancias no pasan de ser incidencias, no pasan de ser hechos aislados, y la tónica de la vida democrática del país debe establecerse a partir del respeto y, sobre todo, a partir del acuerdo, siempre después, por supuesto, de un proceso de análisis, de discusión, de intercambio de ideas, como lo ha venido procurando el gobierno de la república y, por fortuna, ha encontrado correspondencia, si no en todas las partes, sí en muchas partes de los otros actores políticos. Así que, insisto, éste es un punto muy importante.
Ya hablaba yo de la relación con los otros órdenes de gobierno. Es muy trascendente para el cumplimiento de nuestra responsabilidad, pues, que también mantengamos estrecha comunicación con los señores gobernadores de la república; que tratemos -como decía antes- de lograr acuerdos sobre los asuntos de los cuales depende la ejecución de los programas gubernamentales. Y, por otro lado, pues, que no nos limitemos en esos contactos a lo que podamos hacer en la ciudad de México.
Es de la mayor importancia que el gobierno federal y las entidades de la administración paraestatal, también, trabajen en los propios estados de la república, que los mexicanos que trabajan y viven en los estados de la república sientan la presencia de su gobierno federal.
Y no la sientan únicamente a través de los delegados, nuestros colaboradores en los estados, sino que sientan esa presencia, ese compromiso, ese trabajo por parte de los secretarios, los subsecretarios, de los directores generales, de los subdirectores de las distintas entidades paraestatales.
Y esto, pues, me lleva a otro aspecto que es de la mayor importancia.
Yo sé que algunos compañeros con frecuencia sienten que la información sobre el trabajo, sobre el esfuerzo y sobre los logros del gobierno, no nada más del gobierno federal, sino de los tres órdenes de gobierno, no es debidamente conocida por la población; sienten algunos compañeros que hay alguna distorsión en la información que se refiere a ese trabajo, a esos resultados del gobierno. Y yo coincido en que, en algunas ocasiones, esta información respecto a nuestro trabajo y los resultados de nuestro trabajo presenta algunas distorsiones.
Bueno, pues, quiero decirles que los principales responsables de que eso ocurra somos nosotros mismos. Si nosotros queremos que se conozca cuál es nuestro trabajo, cuál es nuestro esfuerzo, qué es lo que estamos tratando de hacer para cumplir la responsabilidad que nos ha dado la gente, entonces el camino más sencillo que tenemos es precisamente el informar; el estar presentes en los espacios, que sin duda nos dan los medios para ese propósito; estar en esos medios y estar siempre abiertos a informar, a no solamente a actuar con absoluta transparencia frente a quienes están a nuestro alrededor, sino con absoluta transparencia ante toda la opinión pública.
Y en ese sentido creo que es de la mayor importancia que en 1999 reforcemos nuestra tarea en ese sentido; que hagamos mucho más de lo que hemos hecho hasta ahora, para informarle a través de los medios, por supuesto, a la gente de lo que nos proponemos hacer, de cómo vamos a buscar esos objetivos y qué resultados estamos obteniendo a partir de nuestro esfuerzo.
También es importante que la sociedad mexicana, el pueblo mexicano en general, pues, nos sienta en función de nuestro trabajo más cerca de la propia gente. Y esto lo vamos a lograr -reitero- sólo si establecemos una presencia más frecuente en los ámbitos naturales de nuestro trabajo; los ámbitos naturales de nuestro trabajo, pues, no son nuestro escritorio o nuestra cómoda oficina; los ámbitos naturales de nuestro trabajo son donde estamos resolviendo los problemas, son donde estamos tomando las decisiones y donde se están manifestando con mayor claridad esas decisiones.
Necesitamos que la gente sepa a plenitud, pues, lo que ya sabemos nosotros; que éste es un gobierno que está comprometido con la gente; que éste es un gobierno que es sensible a los planteamientos, a las demandas, a las necesidades de la gente, que éste es un gobierno que se preocupa por la gente; pero la gente no va a saber eso si no nos ve trabajar, decidir, actuar, donde está la gente.
Y para eso tenemos que estar ahí, pero también tenemos que permitir a nuestros amigos de los medios que ellos mismos perciban que estamos haciendo así nuestro trabajo.
Esto no lo pido como -digamos- estrategia para hacer más popular al gobierno o a quienes trabajan en el gobierno. Esto obedece a dar cumplimiento a algo que la gente reclama con toda razón; y es que la gente quiere que se le rindan cuentas; es que la gente quiere saber que si existe un gobierno electo democráticamente, como es este gobierno, pues, este gobierno está y siempre debe estar dispuesto a dar la cara, a dar cuentas, a dar cuenta exacta del trabajo que está haciendo y de los resultados que está obteniendo.
No se trata de hacer más popular al gobierno, no estamos en un concurso de popularidad.
En lo que estamos es en una tarea que demanda, que demos cuenta, que tengamos una responsabilidad transparente frente a la gente y que la gente nos pueda exigir el cumplimiento de esa responsabilidad.
De ahí, pues, que yo les pida a todos y cada uno de ustedes, y a toda la estructura que los acompaña en sus delicadas tareas, que no ignoren este llamado y que le den realmente cumplimiento puntual.
Estos son, pues, compañeros, algunos de los elementos que quise poner a consideración y que confío en que ustedes los traduzcan en instrucciones precisas que habrán de ser cumplidas puntualmente.
Reitero: debemos ver hacia 1999 con confianza, con una gran seguridad, con la seguridad de que el último bienio de este gobierno, el último tercio de este gobierno, es uno o será uno en el cual nadie va a bajar los brazos.
Créanme que algunos de los problemas que se han vivido a finales de otros sexenios, en alguna medida, se han debido -desde mi punto de vista y después de haber estado en el gobierno, aunque no parezca, casi treinta años- a que se ha perdido el ímpetu que se ha aplicado en las tareas durante los primeros años de gobierno.
Yo, por el contrario, creo que debemos hacer un gran esfuerzo para que esta responsabilidad que tenemos, en su último tercio, sea cumplida de manera muy satisfactoria. Sí, sin ignorar cuáles son las restricciones que enfrentamos, pero sí con una enorme confianza que nos debe dar, pues, la experiencia de cuatro años de un gobierno que no se ha desenvuelto en condiciones fáciles y que ha tenido la capacidad de superar uno tras otro los distintos retos que se nos han presentado.
Así que marquémonos como propósito el tener un buen cierre, un último tercio de administración. Marquémonos como propósito el que no haya otra crisis de fin de sexenio en nuestro país; y está en nosotros evitarla, y la vamos a evitar, y en esa medida, pues, podremos entregar buenos resultados; podemos entregar los resultados que está esperando el pueblo de México de esta administración, de este gobierno.
Así que a trabajar muy duro y, sobre todo, a entregar buenas cuentas y buenos resultados.
¡Feliz año!