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El ISSSTE promueve un programa de detección y control de hepatitis “C”, que es la quinta causa de muerte en México y el mundo, su incidencia es de 3 a 4 veces mayor que el VIH-SIDA, y provoca el 35% de los casos de cirrosis hepática, así como del 40% de indicaciones de trasplante de hígado en una población cuya edad promedio es 46 años.
Así lo dio a conocer la doctora Laura Ladrón de Guevara, gastroenteróloga del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, quien detalló que el Instituto ofrece a un promedio anual de 400 pacientes al año, tratamientos específicos de acuerdo a los seis genotipos del virus, con niveles de éxito de entre 60% y 90% de los casos.
Para aquéllos en los que ya se ha instalado la cirrosis, el CMN del ISSSTE realiza un promedio anual de cinco trasplantes de hígado, con los que logra que estas personas, en lugar de vivir tres años más con extremos cuidados luego de declarado el padecimiento, vivan el promedio normal de vida de los mexicanos, 72 años, y mueran incluso por alguna otra enfermedad.
Anunció que próximamente el Instituto iniciará el programa de trasplante de hígado proveniente de donador vivo relacionado para salvar a niños que por nacer con falta de conductos biliares o por presentar problemas genéticos del metabolismo han desarrollado cirrosis hepática. “Estamos terminando de estudiar a las primeras parejas (padres e hijos) por lo que en breve será un beneficio más para los derechohabientes”, explicó.
El manejo farmacológico de la hepatitis “C” es con base en antivirales e interferón, sustancia que se produce en el organismo de forma natural pero que a dosis elevadas ayuda al cuerpo a enfrentar la enfermedad.
Por ejemplo, dijo, cuando se trata del genotipo 1, el más extendido en el planeta, logran eliminar la enfermedad hasta en 60% de los enfermos con tratamiento farmacológico de un año, cuyo costo aproximado es de cuatro mil pesos al mes. En los genotipos 2 y 3, que le siguen en frecuencia, el éxito de los tratamientos se eleva al 90%, con seis meses de duración de la terapéutica prescrita.
“La hepatitis “C” es un enemigo silencioso de larga evolución, que en un lapso de años o décadas (hasta 40 años) puede convertirse en cirrosis hepática y manifestarse cuando ya es demasiado tarde para atacarla con otros tratamientos y sólo se le puede ofrecer al paciente un trasplante hepático”, precisó.
En la mayoría de los casos, la hepatitis “C” es asintomática y cuando da síntomas éstos son muy inespecíficos y se confunden fácilmente con problemas reumáticos.
La especialista alertó a la población ante la presencia de cansancio profundo, dolores articulares, fiebres por la tarde no asociadas a infecciones de vías respiratorias, urinarias o digestivas. “Es el momento de acudir al médico para que mediante análisis de sangre descarte o descubra la hepatitis“.
Estudios recientes, refirió, demuestran que 50% de las personas afectadas por el virus lo autoeliminan de forma natural, pero la otra mitad tiene el riesgo potencial de desarrollar cirrosis hepática en alguna etapa de su vida después de 20 ó 40 años de haberse instalado la hepatitis.
Con base en estas características, en el ISSSTE todo paciente detectado es canalizado de inmediato para iniciar un tratamiento que pueda salvarle la vida. Sin embargo, la especialista destacó que pese a esta apertura de alternativas la mejor medicina es la preventiva, por lo que desde 1992 a toda sangre donada se le realizan las pruebas de detección viral, entre las que destaca la de hepatitis “C”.
Además se ha eliminado casi en su totalidad el uso de jeringas hervidas reutilizables, dando lugar solamente a jeringas desechables, con lo que se evita el contagio del virus. También se promueve entre los pacientes evitar prácticas de riesgo, como la aplicación de drogas inyectables, a fin de eludir el contagio.
Ante sospechas de riesgo o un accidente, como en el caso del personal de salud que se llegue a pinchar los dedos o la mano con una aguja, se recomienda tomar inmediatamente una muestra de sangre para saber si antes del accidente se había instalado la hepatitis y realizar otras de búsqueda y confirmación a los tres y seis meses, tiempo promedio en el que es posible registrar su presencia en sangre.
Estos pacientes deberán recibir tratamiento para garantizar la eliminación del virus y con él el riesgo de caer en cirrosis hepática.
Finalmente, recomendó no compartir utensilios cortantes como rastrillos, cortaúñas, alicatas o tijeras de manicura, ya que pueden ser también fuente de contagio.
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